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Nuevo año, nueva lista de propósitos ¿Cómo conseguirlos?

Con la llegada del nuevo año muchas personas elaboran una lista de propósitos para 2015, existen clásicos como: apuntarme al gimnasio, dejar de fumar, ponerme a estudiar,hacer dieta,… Y ¿qué es lo que pasa después de elaborar esa lista de propósitos? muchas veces la respuesta es: nada. Llega final de año y los propósitos siguen en ese papel en el que los anotamos. Otras veces constatamos que algo sí que hemos hecho pero ni mucho menos lo que queríamos ¿Qué ha pasado?¿Qué podemos hacer para que esto no pase?

Pues bien, os ofrecemos algunas pistas en esta infografía que hemos creado:

 

1. Por escrito

Es muy importante que pongamos por escrito nuestros propósitos. El escribirlos nos obliga a ser más conscientes de ellos, a aclarar lo que queremos y nos permite darnos cuenta de si hay alguna cosa que no cuadra. A su vez, al ponerlo por escrito estamos enviando un mensaje al cerebro con una orden: “cerebro quiero esto” Si conseguimos que ese mensaje tenga la intensidad suficiente éste pasará a nuestro inconsciente y se pondrá a trabajar.

A quién no le ha pasado que cuando queremos comprarnos un coche o una determinada cosa al salir a la calle parece que de repente haya muchos más que antes. Eso es porque nuestro subconsciente manda la orden de centrar la atención en eso.

 

2. Visibles

Tener visibles esos objetivos nos ayuda a acordarnos de ellos, a actuar en consecuencia y a evaluar qué tal vamos, aunque sea de manera informal. Y seguiremos enviando a nuestro cerebro el mensaje de lo que queremos para que el subconsciente siga trabajando para nosotros.

Por eso es recomendable tenerlos en un sitio que veamos a menudo, ya sea en la puerta de la nevera, como fondo de pantalla en el ordenador, en la agenda, etc O si queremos más privacidad también podemos tenerlos en una libreta, una aplicación en el móvil e incorporar el hábito de consultarlos. Por ejemplo, 1 vez a la semana.

3. Medibles

Vamos a necesitar una medida para poder saber qué tal vamos. No hace falta que sea un dato numérico pero sí un indicador que nos permita comparar el punto de partida con la actualidad y saber si hemos conseguido nuestro propósito o no. Podemos crear indicadores numéricos a partir de cosas subjetivas.

Por ejemplo, podemos querer sentirnos más tranquilos. Ese “más tranquilo a qué equivale” podemos establecer que nuestro nivel actual es de un 50% y queremos llegar a un 80%. Ese valor lo asignamos nosotros subjetivamente pero nos da un valor que podemos comparar.

Y también un plazo para poder planificar nuestro tiempo. Se trata de ponerle fecha de caducidad, es un dato aproximado y para nosotros así que no nos dé miedo comprometernos. Igual creemos que no tenemos idea pero si pensamos en 2 valores extremos encontraremos el que estamos buscando ¿mañana o dentro de 3 años?

4. Los quiero realmente

Igual estaréis pensando que vaya una tontería, que si los habéis puesto en la lista es porque los queréis. Pues sí y no.

Hay que distinguir los  tengo qué, debería, es lo correcto,… de lo que queremos. Por ejemplo podría tener que ir al gimnasio, o comer más sano. Pero ¿es lo que realmente quiero? Si la respuesta es no, el objetivo no nos sirve, bien necesitamos cambiar el enfoque a algo que nos motive de verdad (queramos) bien necesitamos aceptar que aunque sea algo bueno, no queremos hacerlo porque, por ejemplo, no nos compensa el esfuerzo que representa.

5. En positivo

El cerebro a pesar de lo potente que es tiene dificultades para procesar los objetivos en negativo. Porque para pensar lo que no es primero necesita pensar lo que es. Si no quiero comer chocolate, primero tengo que pensar en comer chocolate (precisamente lo que no quiero pensar) para luego imaginarme lo que es no comer chocolate. Por otra parte, dejar de hacer algo (un mal hábito por ejemplo) no nos resulta motivador. Si redactamos así el objetivos estaremos centrados en lo que queremos evitar en vez de centrarnos en lo que queremos conseguir.

Nos podemos preguntar: si no quiero comer chocolate, entonces ¿qué es lo que sí quiero? Y puede ser comer más fruta.

 

6. Dependen de mí

A veces nos ponemos metas que no dependen de nosotros, es decir, que lo que queremos está fuera de nuestro control. Este tipo de propósitos sólo nos van a causar frustración. Si nos encontramos con un propósito de este tipo tendremos que buscar la manera de enfocarlo para que esté en nuestras manos alcanzarlo. Por ejemplo: que mi hijo se porte mejor. Nosotros podemos hacer cosas que ayuden a que eso suceda, crear el ambiente, pero va a ser decisión de esa persona el cambiar o no.

En este ejemplo podemos pensar qué es lo que yo puedo hacer , lo que sí está en mi mano, relacionado con que mi hijo se porte mejor.

 

7. Asequibles

Hay que tener en cuenta que los propósitos que nos pongamos además de depender de nosotros tienen que ser asequibles. Es decir, que aunque puedan tener una cierta dificultad, bajo nuestro punto de vista sean alcanzables.

 

8. Retadores

Que sean objetivos que tengan una cierta dificultad, que nos supongan un reto y que nos motiven. Es interesante encontrar un equilibrio entre un propósito asequible y uno retador para lograr motivarnos. Y tener en cuenta que nosotros somos los únicos que podemos valorar si el objetivo que nos hemos marcado resulta demasiado fácil o demasiado difícil.

 

9. Desglosados

Nos referimos a que si tenemos un propósito complejo siempre podemos fraccionarlo en objetivos más pequeños que nos permitan ir avanzando paso a paso sin que nos sintamos abrumados.
También podemos enlazar nuestro objetivos bajo un lema para este año si nos resulta motivador.
Por ejemplo: mens sana in corpore sano, be water my friend, menos es más, etc. Aquella que nos provoque una emoción positiva y nos dé empuje

10. Comprensibles

Se trata de buscar las palabras que para nosotros sean más claras y tengan un significado acorde con nuestras creencias.
Digamos que el propósito hay que “destilarlo” Primero lo escribimos tal cual nos sale: Estudiar inglés.
Y poco a poco lo vamos transformándolo ¿qué significa estudiar para nosotros? y ¿estudiar inglés?
A esta técnica se le llama redefinir. Puede parecer superflua en un primer momento pero la realidad es que, aunque las palabras tienen una definición y significado “únicos” en el diccionario. Cada persona tiene una definición propia de lo que significa la palabra asociada con su realidad (recuerdos, creencias, emociones,…)

11. Máximo 3

Lo que queremos decir es que la información que podemos procesar en paralelo es limitada y que si nos ponemos muchísimas metas lo que pasa es que nos distraemos, perdemos el foco y es posible que al final no hagamos nada porque el ver tanto por hacer nos paralice.
Se trata de buscar un máximo de 3 objetivos grandes que podrían estar compuestos por otros objetivos más pequeños (unos 5 por cada uno) tal y como comentábamos en el punto 9.

12. Imaginados

Nos referimos a que para cada objetivo/propósito conviene hacer una visualización. Simplemente imaginarnos cómo será conseguirlo, qué estaremos haciendo, cómo nos sentiremos, dónde estaremos, etc. Cuanto más nos recreemos en todo tipo de detalles más motivador nos resultará.
No es lo mismo ponerse a limpiar sin más (que suele ser algo que no gusta mucho en general) que, antes de empezar, dedicar unos segundos a imaginarnos el piso limpio, esa imagen, el olor, la sensación.
Es más, el imaginarnos a nosotros una vez conseguido el objetivo nos ayuda también a descartar objetivos. Puede ser que al imaginarnos como será nos demos cuenta de que no es lo que queremos.

Y por último sólo queda decir que cumplir con esos propósitos depende de nuestra fuerza de voluntad y de lo bien que encajen esas metas en nuestro entorno. Tenemos muchos papeles como persona, el papel como: trabajador/a, madre/padre, familiar, pareja, estudiante, deportista, artista, etc.

Y si os falta un pequeño empujón siempre podéis contactar con nosotros en coaching de Do it que estaremos encantados de ayudaros para que consigáis vuestros propósitos para este año.

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